A la mitad del almuerzo llega mi tío, no es una rutina, de hecho casi nunca está
toda la familia junta pero se confabula todo, entra sorprendido -entre risueño e
impactado- después de saludar le pregunta a mi papá si recuerda al hijo de la señora
de la tienda de las almojábanas en Paipa. Mi viejo no tiene la menor idea del
personaje en cuestión, al no inmutarse mi tío le pregunta ahora por el decano de
la facultad de derecho -contemporáneo de mi abuelo-, mi padre pasa bocado y dice
que por supuesto, Camilo Acevedo, un prestigioso hombre que se conservó muy bien
hasta dejarle la decanatura a su hijo. Para este momento lo único que sé es que
esto va para algún lado porque mi tío no ha botado la maleta del trabajo para
empezar el plato que lo espera.
Entiende que mi papá está desconectado, así que prueba suerte en busca de atención
y le habla a mi abuela:
“¿Se acuerda que hace como 7 años antes de traer a mi papá de Paipa al hospital nos contó que le había insistido al hijo de Clarita que se viniera a Bogotá a estudiar al Externado? Pués me lo encontré hoy en el centro y le mandó saludos, dijo que siempre iba a estar agradecido con la familia, que él siempre creyó que viajar a Bogotá con una maleta y una recomendación de mi papá escrita en una servilleta era un poco loco, pero que inmediatamente el señor Acevedo vio la firma de su viejo amigo José Ángel empezó su camino como abogado”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario